Sunday, March 28, 2010

Ángeles y Piratas (LADCA No. 4, Vol 3)

Las ninfas habían quedado atrás, para alegría de unos y desgracia de otros, y la vida era buena. Dinero, mujeres, alcohol. ¿Qué más puede pedir un pirata?, pues que le dure. Así como las ninfas quedaron atrás, el dinero, las mujeres y el alcohol también eran ahora cosa del pasado; y es que por más bueno que fuera el botín con el que se hicieron en cierta pequeña isla entre las más grandes Seventh y Thrug, reza el famoso dicho pirata: “no hay botín que dure cien años ni cuerpo que lo resista” (sobre todo si se gasta en salasta). Y fue así como Alquimio Batros, Tolo Lacs y Tedes Atoro, “el chico”, empezaron a hacer preguntas por las tabernas de Tantamar con la esperanza de encontrar algún trabajito.

Las ofertas no eran las mejores del mundo pero no estaban para ponerse exquisitos: limpieza de baños en una taberna, cuarta pata de una mesa y la recompensa por la captura de un peligroso prófugo que había escapado hacía cosa de unos días de Dreadhold, la isla prisión de los Principados Lhazaar. Y dadas las circunstacias no había más que decir, los piratas de la Zaarita eran ahora caza recompensas.

Barra Bandera Albatros

Las primeras pesquisas las hicieron en Tantamar, pero no encontraron mayor información sobre el prisionero. En Piritar, Regal Port y Port Verge sucedió más o menos lo mismo, mucho movimiento y pocas respuestas. Los piratas de la Zaarita empezaban a hacerse la idea de que no llegarían a ningún lado preguntando y decidieron sacar sus propias conclusiones (cosa que como se ha visto a lo largo de estas historias, y se seguirá comprobando en el futuro, no suele llevar a buen puerto). El razonamiento fue más o menos el siguiente: La isla-prisión de Dreadhold se encuentra al norte de Cape Far y como la mayoría de islas, está rodeada de agua. Y así llegaron a su primera conclusión: el prisionero vestía de azul (después de todo, era la única forma de camuflarse en el mar). Tras darle un poco de vueltas a la primera conclusión llegaron a la segunda: el prisionero no necesariamente vestía de azul. Orgullosos de haber llegado a dos conclusiones en tan poco tiempo, Albatros y sus oficiales decidieron que ya habían conclusionado demasiado y que era hora de fijar rumbo… hacia Trebaz Sinara.

A más de uno se le ocurrió a mitad de camino que las conclusiones a las que habían llegado no servirían de mucho, pero temiendo nuevas reuniones conclusionarias prefirieron guardar silencio. Después de todo Trebaz Sinara era la única de las islas cercanas a Dreadhold que no formaba parte de ningún principado, y las turbulentas aguas que la rodeaban y los monstruos que la habitaban la hacían uno los lugares más peligrosos del mar de Lhazaar; el lugar perfecto para desaparecer por un tiempo (o para siempre).

Conforme se iban acercando a Trebaz Sinara la Zaarita empezó a sentir como las corrientes y los vientos empezaban a hacerse más fuertes y pronto serían muy difíciles de resistir. A los lejos, encallada contra los arrecifes en que reventaban las enormes olas de aquel terrible mar, podía verse una embarcación que reconocieron al instante como el Recupereitor, la nave de Los Recuperadores. Albatros logró acercar a su barco a unos 500 pies de los arrecifes pero era imposible seguir adelante sin ser arrastrados y terminar encallados también. Solo quedaba una opción, el anillo de Water Walking que encontraron entre los tesoros de las ninfas y que sabiamente habían decidido no vender (entre otros pocos objetos). La decisión fue unánime, el capitán debía ser el que cruzara las tórridas aguas hasta llegar al naufragado barco, y si bien el riesgo de morir ahogado era mínimo con el anillo puesto, de la mojada y la sacudida de las olas el capitán de la Zaarita no se iba a salvar.

Barco hundido 2

El Recupereitor se veía destrozado, la cubierta aún más que su casco. Todo parecía indicar que las corrientes que circundaban la isla no habían sido el motivo por el cual el barco terminó como estaba. Albatros subió al castillo de popa pero no encontró nada de valor. Bajó a las bodegas, revisó los camarotes y nada tampoco. Finalmente llegó a la cabina del capitán y encontró su bitácora. La abrió para leerla pero entonces escuchó un ruido en cubierta, Albatros guardó la bitácora dentro de su abrigo y subió a ver qué pasaba arriba. Una criatura hermosa, de rasgos angelicales, acababa de posarse sobre el castillo de popa. Llevaba puesta una fullplate muy brillante color plateado y una gran espada envainada al cinto.

“¿Quién eres tú y que haces aquí?” preguntó el ángel con una melodiosa voz y un tono que dejaba en claro que podría partir al pirata en dos si se lo proponía.

“Mi nombre es Alquimio Batros, capitán de la Zaarita y uno de los más temidos y respetados piratas de... En fin, vimos el Recupereitor encallado a los lejos y vine a ver qué había pasado. ¿Con quién tengo el gusto?”

“Así que conociste a sus tripulantes,” eso no había sido una pregunta pero de todas formas Albatros respondió.

“¿Los Recuperadores? Bueno, no es que hayamos sido amigos; pero sí, podría decirse que los conocía.”

“¿Y sabes donde están ahora?”

“No sé más que tú, acabo de llegar y ya me estaba yendo. Dudo que mi barco aguante mucho más en estas aguas, así que viento calmo y... no, ¿cómo era?”

“Te vi rebuscando el barco, ¿encontraste algo?”

“No,” respondió Alquimio Batros mirando hacia su barco para evitar darle la cara al ángel, “pero quizás tengas mejor suerte que yo. Aguas calmas y buen viento, eso es…” se despidió el capitán de la Zaarita saludando con la mano y se lanzó al mar con su el anillo de Water Walking puesto.

La Zaarita había aguantado hasta ahora pero nada aseguraba que siguiera comportándose tan bien. Albatros pisó la cubierta y soltó las órdenes de costumbre, “a sus puestos, moluscos de acequia, leven el ancla, aseguren las amarras, guárdenme las naranjas, nos vamos de aquí”. Los vientos empezaban a arreciar y a cruzarse y la Zaarita no parecía poder librarse de las corrientes, por cada nudo que avanzaba terminaba retrocediendo tres, acercándose cada vez más a los arrecifes. Albatros logró finalmente tomar control de la situación y sacó su barco adelante, no sin romper un par de cabos y hacer crujir cada astilla de la Zaarita.

Ya en aguas más calmas Cosofrito divisó a lo lejos algo que se acercaba volando. El ángel se posó sobre la cubierta de la Zaarita y desenvainó su greatsword ante la atónita mirada de los piratas.

Angel 2

“¡DÓNDE ESTÁ!” rugió el ángel dirigiéndose hacia el castillo de popa donde se encontraban Albatros y Segundo. Resultaba increíble como una criatura tan hermosa podía a la vez inspirar tanto temor.

“Es contigo,” sacó cuerpo inmediatamente el capitán de la Zaarita dejando a Segundo solo frente al timón.

“¿Conmigo?” Segundo parecía bastante confundido.

“¡Tú, el del sombrero gracioso, sabes bien a que me refiero!” El ángel parecía realmente molesto, Albatros se tocó la cabeza y al sentir su sombrero exhaló resignado. “¡Dónde está la bitácora!”

“Ahhhh, la bitácora, haber comenzado por ahí. Segundo trae la bitácora de mi camarote y sírvele a nuestro invitado un traguito de salasta, que debe tener frío con lo mojado que está.”

“¡SUFICIENTE!” volvió a rugir el ángel. “¡Ya estoy harto de tus tonterías!”

Albatros tragó saliva, metió la mano dentro de su abrigo y sacó lo que parecía ser un libro deshecho. La tripulación de la Zaarita miraba sin comprender. El ángel alzó vuelo, se posó al lado de Albatros y le arrebató el libro de las manos.

“Solo lo tuviste unos minutos y ya lo arruinaste.” La bitácora del Recupereitor estaba totalmente mojada, sus hojas se deshacían con solo tocarlas y muchas de ellas no podían ni siquiera despegarse de las otras.

“Técnicamente fue el agua,” dijo Albatros con la más amigable de sus sonrisas.

El ángel devolvió a Albatros una mirada de odio, parecía estarse controlando para no hacer pedazos al capitán de la Zaarita y su barco. Finalmente respiró profundamente, sacudió la cabeza y cada uno de sus dorados cabellos volvió a su lugar, una sonrisa apareció en su rostro y habló otra vez con aquella dulce voz que Albatros escuchara la primera vez.

“Lo hecho, hecho está. Os aconsejo no volverse a cruzar en mi camino. No suelo tener tanta paciencia.” Y dicho esto el ángel desplegó sus alas y alzó vuelo, perdiéndose de vista rápidamente.

“¿Qué fue todo eso?” preguntó Segundo levantando la cabeza de detrás del timón donde se había ido a esconder.

“Nada,” respondió Albatros mirando al horizonte, “pero al parecer alguien está interesado en dar con Los Recuperadores.”

“¿Qué haremos ahora capitán?” Tedes había subido a cubierta y preguntaba lo que estaba pensando toda la tripulación.

“Ahora volveremos a Regal Port,” dijo el capitán de la Zaarita con la mirada aún perdida. “Logré leer algo de la bitácora antes de que esa cosa me visitara por primera vez. Al parecer Los Recuperadores fueron atacados por una flota de Ryger y me huele a que hay dinero de por medio.” Y no hizo falta decir más, Danubio ya estaba dándole de latigazos a la guardia cuando Albatros tomó el timón y fijó rumbo al sureste, de vuelta al más grande de los principados.

Barra Bandera Albatros

Regal Port recibió a los piratas de la Zaarita como siempre, sin el menor interés. Pero ahora que habían pasado a formar parte de la flota de Ryger (o al menos eso habían acordado para salvar el pellejo algunos meses atrás cuando fueron emboscados por una flotilla de Seadragons), planeaban sacarle algo de provecho al asunto. Cual embajadores de alguna creciente y pujante nación, Albatros, Tholo y Tedes “el chico” se dirigieron al palacio de Ryger y solicitaron una audiencia con él, audiencia que obviamente no se las dieron por lo que tuvieron que sacar a colación el tema de Los Recuperadores para llamar la atención. El secretario de Ryger, quien los atendía en ese momento, desapareció unos instantes y a su regreso les informó que el alto príncipe los recibiría al día siguiente.

Decidieron entonces ocupar su tiempo en algo útil y se fueron de compras, pero lo que buscaban no lo podrían encontrar en el Mercado Pirata, a pesar de ser el centro de comercio más grande de los Principados. Tras hacer algunas averiguaciones se enteraron de que si había alguien en los Principados capaz de construir las armas que Albatros, Tedes y Tholo buscaban, ese era Achtun Datsun, el Artificer principal de Ryger. Regresaron al palacio del señor de los Seadragonsn y pidieron ver a Datsun. Nuevamente fueron desairados, esta vez por el secretario del Artificer, así que volvieron a usar el viejo truco de llamar la atención. Le llamaron la atención al secretario diciéndole que como podía ser que no los dejara pasar a ver a su viejo amigo, y que seguro su jefe se molestaría mucho al enterarse de todo aquello, sobre todo teniendo en cuenta lo que le habían traído. Fue una suerte para los piratas que efectivamente tuvieran algo que interesara al gnomo artificer, quien gentilmente se presentó como Michael Jackson (probablemente el nombre con el que lo llamaban sus amigos). Los cuatro rapiers que habían encontrado en el Northseeker eran nada más y nada menos que los Cuatro Cardianles, un juego de armas equipadas con dragonshards de gran poder. Jackson quiso hacerse con los cuatro rapiers pero los piratas solo accedieron a entregarle tres, a cambio de que les preparara tres armas también de su elección. El gnomo, decepcionado, no pudo más que aceptar la oferta; después de todo, pensó, más adelante podría hacerse con el último ahora que sabía quién lo tenía.

La construcción del equipo solicitado tomaría unas tres semanas así que los piratas de la Zaarita tuvieron que hacer tiempo cuando Ryger, en la audiencia del día siguiente, les confió que tenía a los Recuperadores como prisioneros y les pidió que averiguaran donde era que estos tenían un altar en particular que el alto príncipe deseaba. Albatros propuso ganarse la confianza de los Recuperadores visitándolos a diario en la prisión y diciéndoles que estaban negociando su salida. De esta forma, en un tiempo que el capitán de la Zaarita estimó como en, “digamos, no sé, tres semanas,” fingirían una fuga ya que resultaba imposible liberarlos por las buenas. Así se llevarían a los Recuperadores a bordo de la Zaarita hasta su escondite y averiguarían donde estaba el altar. A Ryger no le gustó mucho la idea pero tenía problemas más importantes de los cuales preocuparse (corría la voz por las islas del este de Khorvaire que la Flama de Plata planeaba una suerte de invasión a los Principados, e incluso unos barcos de velas plateadas ya habían sido divisados cerca a las costas de Tantamar). Y fue así como el gobernador de Greentarn, comandante de los Seadragons y alto príncipe de Lhazaar, dejó que Albatros y su tripulación hicieran lo que mejor les pareciera, decisión que probaría ser la equivocada en el largo plazo.

Thursday, December 17, 2009

Cosas de Ninfas (LADCA No. 3, Vol 3)

Y pensar que pensaron (digamos que vale, total es lo único que se necesita) que el dinero les alcanzaría por muchísimo tiempo. Bastó tener una mala noche de apuestas, unas señoritas insaciables y los despilfarros acostumbrados para que, al cabo de un par de semanas, del botín del Silver Dragon ya no les quedara nada. Y mientras Segundo componía un nuevo tema y la gente pasaba el menor tiempo posible en cubierta para evitar la música del bardo, Albatros revisaba sus mapas de los Principados esperando recordar algún tesoro olvidado por ahí. Por suerte no pasaría mucho tiempo antes de que el azar les pusiera al frente una nueva aventura, pues a los pocos días de zarpar de Skairn con destino a Tantamar dos delfines empezaron a seguir a la Zaarita.

“¡Zurcado, la ballesta!” gritó el Glasas al ver a los dos delfines desde una de las ventanas de su cocina, “¡porción doble de ceviche a quien los atrape!” seguía vociferando el chef de la Zaarita mientras llegaba a la cubierta con trinche y cuchillo de cocina en mano. Y en el instante en que se asomaba por la borda para ver si los delfines seguían por ahí, estos dieron un gran salto saliendo del agua y aterrizaron en la Zaarita como las más graciosas y poco vestidas ninfas que aquellos desdichados piratas hubieran jamás tenido la suerte de conocer.

“Buen viento y aguas calmas, valientes marineros,” dijo una de las ninfas dando un paso adelante. Se trataba de una mujer joven de cabellos largos y dorados, ojos azules como el mar y el cielo (a pesar de que sean azules diferentes), con orejas muy largas y en punta, terriblemente hermosa; de esas bellezas a las que sería difícil quitarles la mirada de encima, si no vinieran en pares. “Mi nombre es Lydia y ella es mi hermana Layra. Somos las gobernantes de una pequeña isla entre las más grandes Seventh y Thrug...”

Nymph

“Y necesitamos su ayuda,” dijo Layra con una voz dulce y encantadora. Layra era muy parecida a Lydia, con cabellos rojizos y rasgos un poco menos refinados aunque no por eso menos atractiva. “Nuestra hermana Leysa ha sido raptada por un terrible pirata, Daerian Black, quien se niega a devolvérnosla. Ya no sabemos qué hacer, le hemos ofrecido gran parte de nuestro tesoro pero se sigue rehusando.”

“¿Tesoro?” intervino Tedes.

“¿Hermana?” se apresuró a decir Tholo Lacs.

“¿Serían ustedes capaces de devolvernos a nuestra querida Leysa?,” preguntó Lydia con un tono triste, casi desesperado, “estaríamos más que dispuestas a recompensarlos por su trabajo. Tenemos un gran tesoro del cual podrían hacerse con el objeto que quisieran, por ejemplo”.

“¿El objeto que queramos?” preguntó incrédulo Tedes, el chico.

“¿Hermana?” volvió a preguntar Tholo Lacs.

“No se hable más,” dijo esta vez Albatros sonriendo, “será un placer poder ayudarlas.” Y el acuerdo quedó sellado con un apretón de manos, mucho menos de lo que los piratas hubieran querido a apretar, valgan verdades.

Antes de partir las ninfas entregaron al capitán de la Zaarita dos mapas, uno con la ubicación de la guarida de Black y el otro con las indicaciones para llegar a su isla; y se despidieron deseándoles suerte y bendiciéndolos. Los tripulantes de la Zaarita se quedaron boquiabiertos al ver como estas dos maravillosas criaturas volvían a saltar al agua convirtiéndose en delfines, mientras sus escasos vestidos quedaban atrás sobre la cubierta del barco.

“!Qué están esperando!” despertó la voz del pirata/ninja al resto de la tripulación desde el timón de la Zaarita, mientras lo giraba de un lado a otro como esperando que el barco empezara a moverse por eso. “¿No escucharon? ¡Tenemos una nifa que salvar!”

Barra Bandera Albatros

La guarida de Daerian Black se encontraba oculta en una de las tantas caletas que formaban la península de Cape Far, pero el mapa que les entregaron las ninfas los guió rápida y efectivamente hacia esta. La Zaarita planeaba pasar de largo en reconocimiento, pero vieron que el Black Lightning, el barco de ladrón de hermanas, estaba a punto de zarpar, por lo que no perdieron el tiempo y se lanzaron a por ellos.

Black, al ver a la Zaarita acercándose, encantó un bote de su embarcación y cruzó volando hasta el barco de Albatros, donde fue recibido a punta de espadazos y hechizos, y es que los piratas de la Zaarita no eran de los que primero preguntan. Daerian Black sabía que no podría resistir demasiado pues lo superaban en número, pero ni siquiera la llegada de Leysa, que voló también desde el Black Lightning para defender a su captor, cambio el curso de la batalla. En lo que parpadea un hypocampus, ambos se vieron reducidos y atados al mástil mayor.

“He escuchado de esto,” decía Tedes mientras miraba a la pareja tratando de soltar sus ataduras, “se trata del síndrome de ‘estoeselcolmo’.”

“No hay síndromes ni nada por el estilo aquí, mis respetables captores,” se apresuró a decir Daerian Black ya un poco más calmado, al ver que no podría liberarse. “Seguro fueron las hermanas de Leysa las que les pidieron que la rescaten de las garras de un terrible pirata. Pues nada está más lejos de la verdad…”

“Es cierto,” agregó la bella ninfa con lágrimas en los ojos, “mis hermanas no aprueban nuestro amor. Ellas creen que Daerian no es digno de unirse a nuestra familia. No nos quedó otra opción que fugarnos para poder estar juntos.”

“Y ustedes,” volvió a hablar Black, “no son los primeros a los que han enviado, aunque si en tener éxito,” terminó de decir con voz decepcionada y bajando la mirada.

“Si bueno, muy romántico,” intervino el capitán de la Zaarita, “¡Segundo, fija rumbo al sur de Regalport, tenemos un paquete que entregar!”

“¿Pero, no nos creen acaso?” Leysa miraba con expresión sorprendida a los piratas.

“No es que les creamos o no,” se metió en la conversación Tholo Lacs, “fue muy conmovedor en realidad, pero estas dos señoritas, tus hermanas, nos han ofrecido una “suculenta” recompensa, ¿sabes? Además, quienes somos nosotros para evitar que una familia se reúna.”

“¡Un momento, por favor!” gritó Black forcejeando con las cuerdas que lo ataban, “¡les ofreceremos algo mejor!”

“¿Mejor que dos ninfas agradecidas?” preguntó irónico el ninja/pirata.

“¡Su tesoro, todo su tesoro!, no solo una parte de él como ellas seguramente les prometieron.”

“¿Y cómo planeas cumplir con eso?” Albatros parecía interesado.

“Capitán, ¿está bromeando verdad?” se apresuró a decir Tholo, “¡son DOS ninfas agradecidas!”

“Les ayudaré a enfrentarlas y una vez que las hallamos derrotado, el tesoro será todo suyo.”

El pirata/ninja miró a su capitán y al halfling mago, negó con la cabeza y caminó hacia los prisioneros. “Maldita sea, tan cerca que estuvimos,” y los desató.

Barra Bandera Albatros

Albatros, sus piratas y Leysa (atada aún, para no levantar sospechas), seguidos de cerca por Black y su barco camuflados, llegaron a la isla de las ninfas después de algunos días de viaje, ya avanzada la noche. Las ninfas recibieron en la playa a Albatros, Tedes “el chico”, Tholo y Leysa, los únicos que desembarcaron, con mucha alegría, excesivos cariños y aún menos ropa que la primera vez que se encontraron. Estaban sinceramente contentas de tener a su hermana nuevamente con ellas y lo primero que hicieron fue desatarla y abrazarla. La hermana menor devolvió los abrazos pero no compartía la alegría.

“¡Trilia, Runesia!” gritó la Layra y dos ninfas aparecieron en la playa, “lleven a estos caballeros a la bóveda,” y luego continuó dirigiéndose a los piratas sonriente, “tendrán que disculpar que no los acompañemos, pero tenemos mucho que hablar con nuestra hermana.” Y con una sutil reverencia las tres hermanas se retiraron caminando hacia el bosque.

Los piratas se miraron un poco confundidos, el plan se estaba yendo al agua. Siguieron a sus guías por la playa hasta una cueva con una gran puerta de madera, bañada por la espuma de las olas. Las dos ninfas que les hacían de escolta juntaron sus manos y cantaron unas palabras en algún lenguaje que ninguno logró entender. Los cerrojos que aseguraban la puerta desaparecieron.

“Adelante, escojan lo que lo que mejor les parezca. Nosotras los esperaremos aquí,” dijeron Trilia y Runesia al unísono.

El interior de la gruta estaba iluminado por la luz de la luna reflejada en el tesoro de las ninfas, y los piratas se quedaron maravillados. Monedas, joyas, obras de arte, y armas de apariencia más que mágica. Pero algo más llamó su atención, un humano encadenado, casi desnudo, yacía sobre un montón de piezas de oro. El humano no recordaba su nombre, solo que las ninfas lo habían atrapado y lo tenían cautivo para entretenimiento personal. La noche seguía avanzando y si querían seguir adelante con el rescate de Leysa tendrían que improvisar, así que liberaron al humano esperando que pudiera serles de utilidad y Albatros dio la orden de atacar a las escoltas que los acompañaban. El ataque sorpresa funcionó, pero Runesia consiguió escapar y dar la alarma. Albatros, Tholo y Tedes persiguieron a la ninfa por la playa hasta que el capitán de la Zaarita se lanzó contra ella, derribándola, justo en el momento en que aparecían Layra y Lydia, con cara de pocos amigos.

DeaconBlood_Elf_by_GENZOMAN

“Esto se ve peor de lo que es en realidad…” fue lo único que atinó a decir el capitán pirata, para después mirar a la ninfa que yacía bajo él, “…bueno, tal vez no tanto.” Layra y Lydia respondieron conjurando una tormenta eléctrica sobre las cabezas de los piratas y atacándolos con rayos que dejaron ciegos a Tholo y a Tedes. Los dos piratas ciegos, en un acto de heroísmo irracional, decidieron quedarse y pelear y mientras el ninja/pirata se arrojaba al lugar donde había visto por última vez a las ninfas, el mago halfling lanzaba un fireball al mismo sitio. El resultado fue que si bien las ninfas se llevaron una buena chamuscada, Tholo Lacs se encontró ciego y a punto de pasar a mejor vida a causa el daño recibido, por lo que tuvo que retirarse y dejar solos a sus compañeros en el combate. Tedes seguía lanzando bolas de fuego pero las ninfas ya se habían movido y le resultaba imposible atinarles, mientras Alquimio Batros continuaba enfrascado en un combate cuerpo a cuerpo con la escolta, que oponía una resistencia inesperada. Fue entonces que el capitán de la Zaarita escuchó nuevamente esa voz en su cabeza y que juraría provenía del anillo: “déjate llevar”, e imágenes violentas ocuparon su mente; y en un arranque de furia logró zafarse del revolcón y despedazó a Runesia a punta de estocadas y dagazos.

Lydia y Layra se habían concentrado en seguir arrojando rayos al capitán y a Tedes desde una distancia segura, con lo que los piratas estaban ya bastante heridos y el combate pintaba mal. Albatros, aún sediento de sangre, se abalanzó contra Layra aunque sin mayor éxito esta vez, pues el daño que le infringía con el rapier terrestre no hacía mella en la ninfa. Y como tenía que ser, cuando parecía que todo estaba perdido, algo terminó inclinando la balanza a favor de los piratas. De la nada (o de la bruma) el prisionero que habían liberado en la bóveda se unió al combate y flanqueando a la ninfa contra la que luchaba Albatros, le dieron vuelta en menos de lo que canta un gallo (siempre y cuando a un gallo le tome por lo menos 6 segundos pegarse un canto).

Lydia se veía preocupada de repente, parecía que el poder de estas ninfas radicaba en su unión y muerta una a la otra no le quedó más que buscar el mismo destino: la última de las ninfas lanzó un gritó escalofriante al cielo y cargó contra el capitán pirata, pero éste y su nuevo aliado no tardaron en deshacerse de ella también.

“¿Necesitan ayuda?” dijo Black apareciendo también de entre la bruma con Leysa del brazo. Ambos se veían radiantes, como que no les había costado nada escapar de sus captoras. Los piratas se miraron (los que aún podían)pero no dijeron nada, no era momento para bromas, era momento para tesoros.