Monday, April 27, 2009

Revelaciones (LADCA No. 8, Vol 2)

- Termina tu relato entonces Sliorithal, y acabemos con esto de una vez – dijo una voz cordial aunque ya con un asomo de impaciencia, ante lo cual el salón guardó silencio y el joven orador dracónico tomó la palabra.

Barra Bandera Albatros

1. La muerte de Fauces

“Como es bien sabido, Fauces y los elegidos por el capitán del Chesumare llegaron a las catacumbas de la torre donde buscaban el Amuleto de los Vientos, en Regal Port, y el grupo se dividió en dos. El turco Gorzac y los hermanos half-orc, Durk y Crotán, investigaron las catacumbas; mientras que el viejo Norrías, Turbantes, Alquimio Batros y Fauces se encargaron de los niveles superiores de la torre.”

“El Amuleto de los Vientos fue encontrado por el equipo de Fauces en uno de los niveles más altos de la torre, pero cuando Norrías lo toma se activa la alarma y el pirata se convierte en piedra. Unas gárgolas aparecen de la nada y luchan contra los ladrones, pero solo hasta sacarlos de la habitación. Entonces llega la guardia de la torre, capturan a Turbantes y persiguen a Fauces y Albatros hasta la azotea, donde éstos se refugian trancando la puerta detrás de ellos. Mientras los guardias tratan de derribar la puerta que les impedía avanzar, Fauces se enfrenta a Albatros; le dice que sabe que todo ha sido una trampa preparada por él y que lo matará por eso, pero Albatros no entiende de que está hablando su capitán. Efectivamente se había tratado de una trampa, pero preparada los hermanos Durk y Crotán, quienes tras despachar al turco huirían sin mayores problemas al escuchar la alarma. Fauces saca su wandstol y apunta a la cabeza de su subordinado, pero la suerte de Albatros vuelve a salvarle la vida. El capitán del Chesumare dispara y (saca 1 en su Use Magic Device) el tiro le sale por la culata (que además de critical debe haber sido sneak, porque no se la esperaba), acabando con él al instante.”

“En ese preciso momento se abre la puerta y la guardia, con Turbantes atado, ve a Albatros agachado sobre Fauces, con cara de sorprendido (que ellos atribuyeron a su presencia y no a que el pirata no se explicaba lo que acababa de pasar). Los guardias apuntan sus lanzas contra Alquimio Batros y este retrocede, hasta llegar al borde de la azotea. Los guardias ordenan al joven pirata que se rinda, mientras Turbantes no puede creer lo que ven sus ojos. Albatros trata de dar un paso más hacia atrás pero nota que ya no tiene donde apoyarlo, entonces siente que algo lo jala y cae al vacío.”

Barra Bandera Albatros

- Pero nada de esto es relevante. Recuerden por qué estamos aquí…

- ¡Silencio Khurystas! - lo interrumpió Sin’beldar con la misma voz que antes instara a Sliorithal a continuar (aunque mucho menos cordial y cambiando los asomos por evidencias) – Prosiga agente.

Barra Bandera Albatros

2. Los meses sin Albatros

“Alquimio Batros despertó en una jaula, en lo que parecía ser un laboratorio. Al rato apreció el que se presentó como el dueño de la torre, quien había venido siguiendo todo lo que había sucedido a través de un gran espejo colgado en una de las paredes de esta habitación. Al comprobar que Albatros no tenía el amuleto, le ofreció su libertad a cambio de algunos servicios… después de todo, no podía dejar sin castigo a quien trataba de irrumpir en su torre y robar uno de sus objetos más preciados. Y fue así como Albatros sirvió a Renegar el mago por unos meses, haciendo el trabajo sucio que éste se negaba a hacer. Luego fue puesto en libertad con la condición de que nunca dijera lo que había sucedido en su torre. Renegar prefería que se corriera la voz de que todos los intrusos habían tenido muertes espantosas.”

“Lo siguiente no lo sabe Albatros, pero Renegar no solo lo rescató a él sino también al cuerpo sin vida de Fauces. El mago revivió al capitán del Chesumare para instalar en él el último de sus experimentos, un simbiote incorpóreo. Fauces tuvo que servir al mago por muchísimos años debido al control que éste, ayudado por el simbiote, ejercía sobre él. La vida en la torre de Renegar fue un infierno para Fauces y solo sirvió para, además de enseñarle algunos trucos arcanos, cultivar en el otrora capitán pirata el más profundo odio hacia quien consideraba el culpable de todas sus desgracias: Alquimio Batros.”

Barra Bandera Albatros

Khurystas volvió a abrir la boca para hablar, pero una mirada amenazadora de Sin’beldar lo hizo pensar las cosas dos veces. Ante la imposibilidad de intervenir optó por quedarse callado sentado en su sitio, mirando con desparobación al informante y negando con la cabeza.

Barra Bandera Albatros

3. La venganza

“Una noche, poco más de 10 años después de la incursión a la torre de Renegar, Fauces atacó a su captor por sorpresa y lo encerró en una gema. Después de escapar de la torre de Renegar con todo lo que pudo llevarse con él, lo primero que Fauces hizo fue buscar un lugar donde refugiarse y poner en marcha su plan de venganza.”

“Fauces llegó a Cape Far y se ocultó. Había pasado ya bastante tiempo desde su muerte, pero aún así no podía darse el lujo de ser reconocido. Tras instalarse, el ex capitán del Chesumare conoció a un pirata de cuarta llamado Piter Cantropus, al que le ofreció convertirlo en el capitán pirata más temido y respetado de los mares de Lhazaar… a cambio de un único favor (dos en realidad, porque Piter Cantropus no inspiraría respeto ni temor), y así nació el intrépido Pit.”

“Fauces mandó construir, por intermedio de Pit, el barco más rápido y mejor armado que su dinero pudo comprar (el dinero que consiguió tras la venta de la mayoría de objetos mágicos que se llevó de la torre de Renegar) y lo nombró el Amuikaf Rojo -que es un juego de palabras con el Chesumare, en inglés, Red Amuikaf… todo un personaje el viejo Fauces-. Pero esto no era suficiente, mediante un ritual que había visto hacer a su ex captor, y teniendo el pergamino que se lo permitía en su poder, conjuró a toda una tripulación de undeads para su nueva embarcación.”

“Con su nuevo barco, su capitán pantalla, su nueva tripulación y los objetos mágicos de Renegar que había guardado -el Amuleto de los Vientos, con el que haría de su nuevo barco el más rápido de Lhazaar; un anillo de Sugestión, con el que convencía a Pit de hacer lo que él quisiera; y un extraño incienso, que le permitía entrar en los sueños de los demás-, Fauces estuvo listo para comenzar su venganza. Y era así como el Intrépido Pit lograba llegar antes que Albatros a cualquier lugar. Fauces escudriñaba la mente de su ex tripulante todas las noches causándole pesadillas -aunque esto lo agotaba, por lo que cada vez estaba más débil-, y una vez determinado el tesoro tras el cual iría con su tripulación, usaba el Amuleto de los Vientos para que el Amuikaf Rojo llegara antes que la Zaarita. Del resto se encargaba su tripulación y su barco.”

“Fauces estaba muy débil a causa las constantes visitas a los sueños de Albatros cuando se enteró del último destino del capitán de la Zaarita (el barco de Essa Konch, corsaria del principado de los Wind Whisperers), pero no pudo evitar querer aguarle los planes una vez más. Pero cosas del destino, el tiro le volvió a salir por la culata. Al intentar acelerar al Amuikaf Rojo teniendo ya a su objetivo a la vista, Fauces perdió el control del Amuleto de los Vientos y se terminó creando una tormenta. El Abordaje al Fondieu se dio cuando el ex capitán del Chesumare recuperó el control del amuleto, pero el Intrépido Pit pecó de confiado y decidió no pasar a degüello a Essa ni a su contramaestre Ashar, y serían ellos quienes guiarían a Albatros hasta la captura del Amuikaf Rojo.”

“Fauces sabía que la Zaarita les venía pisando los talones, pero por más que intentaba usar el Amuleto de los Vientos este ya no le respondía pues se había dañado tras controlar la tormenta creada para el abordaje del Fondieu. El Intrépido Pit, que ya se había creído eso de que era el pirata más respetado de Lhazaar y que tenía la mejor embarcación que jamás surcara esos mares, ordenó cambiar de rumbo y atacar a quienes osaban perseguirlo. Fauces escuchó el crujir de las maderas cuando los barcos chocaron. Sabía que no tenía demasiado tiempo así que intentó utilizar el amuleto por última vez, pero estaba tan débil que no pudo controlar la ya dañada reliquia y ésta terminó partiéndose en dos. El combate en cubierta sonaba feroz y Fauces no creía que su capitán/títere pudiera salir de ésta, por lo que mordió su huída del Amuikaf Rojo, abandonando al Intrépido Pit a su suerte.”

Barra Bandera Albatros

Sliorithal, el joven dragón verde, concluyó su informe y fue a tomar asiento con el resto de sus pares.

- Creo que con esto terminamos de cubrir todo lo que necesitábamos saber - pronunció ante la atenta mirada de La Cámara Sin’beldar, el dragón dorado que había venido moderando el cónclave – Es momento de tomar una decisión.

- Pues me parece que está de más recordarles las implicancias que esto tendrá en la profecía – intervino Sur’kil, un dragón de plata agente de La Cámara, tratando de llamar a sus compañeros a la reflexión.

- No olviden que nuestra intervención en los eventos de Khorvaire debe ser mínima, el Cónclave no aprobará que actuemos de esta manera. Tened en cuenta que no hay forma de conocer de antemano el desenlace de lo que se decida aquí esta noche – se apresuró a decir con voz algo preocupada Khurystas, el dragón azul adulto que antes había sido callado por Sin’beldar.

Los dragones de la Cámara reunidos en el Forum de Vorel’arux empezaron a comentar entre ellos en voz baja, hasta que un fuerte murmullo ocupó el gran salón. Jancarlyrix (una gran sierpe de bronce y el mayor de los dragones ahí reunidos) se puso de pie, miró alrededor y el resto de dragones calló. Los dragones, uno a uno, fueron emitiendo su voto hasta que el último se hubo pronunciado. Entonces Jancarlyrix asintió con la cabeza y volvió a sentarse. El murmullo se alzó nuevamente hasta convertirse en una acalorada discusión, la votación había sido bastante apretada y el veredicto final había dejado a más de uno descontento.

- El Ojo de Chronepsis pondrá las cosas en orden, y eso nos costará la vida – reclamaban algunos.

- La Cámara no fue creada para servir a criaturas menores - aludían otros.

- Pego su camino ya está fogjado – se escuchó decir, entre los alegatos, a alguien desde el fondo del salón.

- ¡No se hable más! – intervino el gran dragón dorado con voz autoritaria, a lo que agregó con un tono ya más preocupado – Sus futuros están en sus manos... que Dolurrh los coja confesados.

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FIN DEL VOLUMEN 2

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VOLUMEN 3:

Consecuencias”

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Como buen Lhazaarita que es, Alquimio Batros ha pasado la mayor parte de sus 39 años de vida en el mar y desde siempre le han llamado la atención la vida fácil y los grandes excesos. Famoso en los mares de Lhazaar por haber vencido a monstruos terribles y ser pirata de imposibles (siempre con ideas absurdas y botines medio inventados), posee el nada envidiable record de 14 barcos hundidos (todos suyos), lo que le ha valido el apodo de el Plomo Batros en algunas islas del sur de los principados.

Pero si las aventuras que hasta ahora le tocó vivir, podría decirse, fueron “hechas a su medida”, el mundo como lo conoce está a punto de cambiar. Ahora deberá guiar a una renovada tripulación hasta los confines de Khorvaire (y más allá), ahora deberá navegar en un mundo manejado por alguien más grande que él (o no), ahora será el azar (disfrazado de dados) quien decida su destino… pero empecemos por el principio, o mejor aún, por lo primero.

“La última vez que se le vio fue en una cantina de Orthoss, cuando ebrio hasta los calcetines balbuceaba algo acerca de aguas amargas y barcos de almas desnudas. Dice el cantinero que dos elfos que había estado preguntando por él lo escucharon y lo siguieron cuando dejaba el local. Al parecer se escuchó un alboroto afuera poco después, pero eso es cosa común por ahí así que nadie le dio mayor importancia… No se ha vuelto a saber del Albatros desde entonces, aunque algunos dicen que esa misma noche se le vio con un enjuto y magro personaje, un humano medio tela, tal vez un elfo o un halfling, es difícil saberlo, las versiones se contradicen.”

Monday, April 20, 2009

Cara a cara (LADCA No. 7, Vol 2)

La Zaarita llevaba dos días y dos noches a la caza del Amuikaf Rojo y por fin divisaba sus velas escarlatas en el horizonte. La nave de Albatros parecía ser más rápida que su presa pues pronto empezó a acortar la distancia que los separaba.

- ¡Icen los colores de una buena vez, qué sepan quienes están tras de ellos! – Alquimio Batros dio la orden y al instante una bandera negra con dos cutlass cruzados y una calavera de albatros sobre ellos comenzó a flamear en la punta del mástil mayor.

Bandera Albatros v2

- ¿Estás segura que ese es su barco? – preguntó Alquimio Batros a Essa, capitana del barco hundido la noche anterior por el Intrépido Pit y sus piratas (el Fondieu) y que, curiosamente, era también el objetivo de Albatros (aunque esto Essa no lo sabía).

- Te dije que te llevaría hasta él y yo siempre cumplo mi palabra – respondió la media elfa sin despegar la mirada del Amuikaf Rojo.

Albatros sonrió. Pit se estaba volviendo descuidado, se estaba confiando. Primero había sido aquel perturbado marinero al que encontraron en el barco quemado (el pobre desdichado no sobrevivió a la noche), pero ahora había ido aún más lejos. No solo no liquidó a la capitana del Fondieu ni a su contramaestre (un dragonborn llamado Ashar), sino que quiso ponerse trascendental haciendo que sufran una muerte lenta viéndolo alejarse, mientras se hundían junto con su barco atados al mástil mayor. Pero son esas las decisiones que, junto con Moradin, forjan el destino; y ahora eran Essa y Ashar quienes guiaban a la Zaarita al encuentro que Alquimio Batros llevaba tanto tiempo esperando.

- ¡Capitán, están virando! – gritó Cosofrito desde su puesto de vigía.

- Como que están virando, que se han creído esas anguilas de pecera ¡Todo a Babor! – gritó Albatros – ¡Nos pondremos en sotavento a ver si se les sigue apeteciendo hacerse los difíciles! – Las naves iban ahora en dirección a cruzarse unas millas más adelante.

- ¡Capitán, vuelven a virar! – gritaba nuevamente Cosofrito.

- Esto me huele a caca de sahuagin – se dijo Alquimio Batros. El Amiukaf Rojo tenía ahora rumbo paralelo a la Zaarita, pero en dirección contraria. Estaban cerca y si todo seguía como estaba, el choque sería inminente – ¡Danubio, prepara el abordaje! ¡Zurcado, ten lista la ballesta, si quieren pasarnos al lado se llevarán un recuerdo!

- ¡Ya escucharon al capitán, malditos holgazanes! – gritaba Danubio al equipo de asalto - ¡Alisten sus armas y empiecen a mojarme las velas y la cubierta! ¡Listos los sacos de arena!

Las naves estaban cada vez más cerca, pero el Intrépido Pit no tenía la menor intención de pasar al lado. Para cuando el Zurcado había apuntado la ballesta a la vela mayor enemiga, la cabeza de dragón en el espolón del Amiukaf Rojo escupió un gran chorro de fuego sobre la proa de la Zaarita.

- ¡Mantengan sus posiciones! – ordenó el capitán – ¡Me cambias un paso el rumbo, Segundo, y te mando a pelar piedras a las bodegas!

- ¡Apaguen ese fuego! – se le escuchaba gritar a Danubio en cubierta.

- ¿Alguna baja en la guardia? – preguntó Albatros.

- Todo en orden capitán… ¡Preparen los arpeos! – volvió a gritar Danubio.

El choque fue brutal, las dos embarcaciones crujieron hasta sus astillas. La peor parte se la llevó al Amuikaf Rojo, pues perdió su cabeza de dragón. La voz de Danubio se volvió a escuchar en toda la embarcación.

- ¡Enganchen, basuras! – y al grito del contramaestre cinco arpeos cruzaron hasta la proa del Amuikaf Rojo, asegurando que ninguna de las dos naves pudiera huir – ¡qué esperan para cruzar, remedos de piratas!

Danubio ya había cruzado, seguido por Albatros, Essa, Ashar, Tito, Chino viejo, el Zurcado (que se había quedado con las ganas de disparar su ballesta) y el resto del equipo de asalto. Los piratas del Amuikaf Rojo se batían a muerte. Había algo extraño en todos ellos pero no era el momento de ponerse a pensar en eso. A la hora de acuchillar y ser acuchillado da lo mismo que sean hombres, undeads o gelatinas.

pelea en barco con undeads v2

A diferencia del resto, Albatros no se entretuvo en el combate en cubierta y se abrió paso a punta de wandstolazos hasta llegar al castillo de popa. Ahí encontró al Intrépido Pit, quien parecía una caricatura de pirata con todos los estereotipos que uno podría imaginar, pero no se parecía en nada a la figura que Albatros había visto en sus sueños. Ambos desenvainaron y se dio inicio al combate. El capitán del Amuikaf Rojo no era demasiado diestro (ni zurdo, para los efectos del caso) en el uso del rapier, aunque sus golpes (los que llegaba a acertar) si que hacían daño. Estaba bien armado y bien protegido, los intentos del capitán de la Zaarita por atestar una buena estocada eran todos rechazados por la armadura de su rival. Finalmente Albatros hizo una finta y, sacando su daga con la zurda, atravesó la cota de mallas de Pit se desplomó herido de gravedad.

- ¿Dónde está? – preguntó el capitán de la Zaarita, pero el Intrépido Pit solo lo miraba como suplicándole por su vida. Albatros volvió a preguntar, ésta vez mientras le clavaba su daga en medio del estómago dándole unas vueltas, para enfatizar la pregunta.

- Prefiero que seas tú el que me mate – respondió Pit y con una arcada perdió el conocimiento.

“¿Ahora donde?”, pensó Albatros y entonces recordó. Atravesó como un rayo el pandemonio que era la cubierta, repartiendo y recibiendo algunas estocadas, y llegó a la escotilla. El Capitán de la Zaarita descendió dos niveles hasta la bodega, desierta como el resto del barco a excepción de la cubierta. El ambiente estaba en tinieblas y repleto de cofres cerrados que Albatros fue arrimando, buscando una pista o lo que fuera, hasta que encontró la última de las escotillas. Cuando descendió de un salto se sorprendió al sentir que tenía agua hasta los tobillos. El nivel inferior del Amuikaf Rojo parecía vacío y no se veía nada adentro. Albatros fue avanzando a tientas hasta que encontró una lámpara, la encendió y dio un vistazo alrededor. El agua estaba entrando detrás de unas cajas, bastante pesadas como pudo comprobar al arrimarlas, pasando a chorros entre las maderas de una pared. El pirata retrocedió entonces unos pasos, sacó su wandstol y disparó. Las maderas se partieron en mil pedazos y una pequeña ola entró a la bodega, haciendo trastabillar al capitán de la Zaarita. El agua le llegaba ahora hasta las rodillas, avanzó un poco más y atravesó el hueco que había hecho en la pared. Entró a lo que parecía ser habitación bastante sencilla (una cama, una mesa, una silla y algunos papeles flotando). Había un gran agujero en la pared por donde estaba entrando el agua, a la derecha de la puerta que acababa de hacer. Pero algo más llamó su atención. A sus pies, partido en dos, el Amuleto de los Vientos brillaba con una luz que se iba desvaneciendo.

Barra Bandera Albatros

Alquimio Batros siguió teniendo pesadillas de vez en cuando, pero éstas ya no eran como las de antes. Ahora no había figuras difusas ni tesoros que se les escapaban entre los dedos, ahora luchaba a muerte con Fauces, solos los dos en la cubierta de su querida Zaarita. Pero justo en el momento en el que el combate estaba a punto de definirse, Albatros despertaba agitado y sudando frío.

Capitán Fauces Listo

Wednesday, April 15, 2009

El Informante (LADCA No. 6, Vol 2)

La taberna del tuerto Lou es un sitio de paso obligado para las gentes de mar, piratas en especial, que atracan en Tantamar. Ahí se reúnen personajes de la peor calaña, la crema y nata de los desagües portuarios. Si necesitas información sobre algo o alguien, es ahí a donde debes acudir. Y eso fue lo que hicieron Alquimio Batros y sus acompañantes.

Hacía frío afuera, por lo que al entrar a la taberna sintieron como una ola de calor guardado los chocaba. Albatros, Danubio, Tito y Segundo se ubicaron enseguida en una mesa vacía un poco alejada del resto. Pidieron una botella de salasta y empezaron a buscar, disimuladamente, al supuesto informante. Si bien el grupo no era precisamente el que Alquimio Batros solían usar para “misiones de reconocimiento”, la cosa podría ponerse fea y el apoyo de Tito y Danubio sería muy útil. El tiempo fue pasando y no pasaba nada, pero ya para la segunda botella de salasta (y suerte que fue así porque Segundo estaba a punto de subirse a la mesa a tocar unos “criollajes”) apareció el tipo al que estaban esperando. Se trataba de un medio elfo joven, de unos 50 o 60 años, de rasgos oscuros y apariencia desinteresada de la vida. Ubicó a Albatros y compañía con una rápida ojeada al lugar, se dirigió a la barra para pedirse un trago y luego se fue a sentar con sus “clientes”.

- Buenas noches – lo recibió el capitán de la Zaarita – vaya frío que hace afuera.

- He soportado peores, al igual que tú, según he escuchado – respondió el medio elfo, con una sonrisa en la cara y estudiando la reacción de su interlocutor.

- Pues que gusto que escuches tan bien – replicó Albatros sin darle mayor importancia al comentario - Y ya que estamos en eso, ¿no habrás escuchado algo de un barco de velas rojas?

- Directo al punto, eso me gusta… Podría ser, ustedes saben que es tanto lo que uno escucha por ahí que a veces se confunde.

Tito empezaba a incomodarse, no le gustaba para nada ese tipo y ganas no le faltaban de arrancarle la cabeza de un maulsazo.

- Lo sabemos – continuó Albatros – por eso trajimos una de esas bebidas que ayudan a recordar. Segundo, por favor – e hizo una señal a su segundo abordo para que invitara a su invitado algo especial. El bardo, con una sonrisa un poco ebria, alcanzó al medio elfo un vaso de salasta con un rubí en el fondo.

El medio elfo secó el vaso de salasta, escupió la piedra a su mano y luego agregó.

- Santa bebida, vaya si aclara la mente, y además tiene muy buen sabor. Podría tomarme un par más, con el permiso de los presentes.

- Primero lo primero – intervino Albatros, que también empezaba a impacientarse – ya luego habrá tiempo para brindar, si la información así lo amerita.

- Déjenme ver… un barco de velas rojas ¿no? Pues solo puede tratarse del Amuikaf Rojo. El Amuikaf Rojo es una carabela que llegó a estas costas hará cosa de un par de meses. Su capitán, el intrépido Pit, se jacta de poseer la nave más veloz de los mares de Lhazaar.

- ¿Qué más sabes acerca de Pit? – preguntó Danubio.

- No mucho, la verdad, no es que su fama lo preceda. De hecho, dicen por ahí que hasta hace pocos meses era un pirata de cuarta que ni barco tenía. En ese tiempo lo conocían como Piter Cantropus, pero esas eran otras épocas, ahora no hay tesoro que se le resista.

- No se si todos los tesoros, pero es seguro que los nuestros no lo hacen – intervino Segundo riéndose, ebrio hasta sus calcetines. El medio elfo pareció no entender el comentario del bardo, lo que Albatros aprovechó para dirigir la conversación a lo que realmente le interesaba.

- Hay un par más de cosas que quisiera saber. ¿Quiénes forman su tripulación y de donde sacó ese barco?

- Esas son fáciles: no lo sé. Su tripulación, al igual que el barco, nunca antes habían sido vistos en los principados. Hay quienes dicen que hizo un pacto con un diablo a cambio del Amuikaf Rojo. He escuchado también que trabaja para uno de los príncipes en secreto, haciendo de corsario, y que es este príncipe el que le solventa sus gastos y el que le dio el barco. Lo que si es seguro es que nadie, que no forme parte de su tripulación, ha subido jamás al Amuikaf Rojo y ha sobrevivido para contarlo.

- Todo un personaje este Pit. ¿Hay algo más que nos puedas decir? – preguntó el capitán de la Zaarita, tratando de fingir desinterés y fallando de manera rotunda.

- No, no lo creo – se demoró en responder el medio elfo.

- ¿Tal vez un trago más?, Segundo… - y el bardo le sirvió otro vaso de salasta con su respectivo rubí, pero esta vez el medio elfo no lo tomó.

- No es que lo que me hayan pagado valga la información, pero tampoco pondría mi mano al fuego por ella… Un guardia de la ciudad se tomó unos tragos el otro día con alguien que afirmaba haber estado en uno de los barcos abordados por el intrépido Pit. El sujeto le contó que tras el abordaje, cuando ya había pasado el alboroto y la tripulación de Pit se estaban retirando, escuchó unos gritos de ultratumba que parecían provenir de las bodegas del Amuikaf Rojo. Juró que se le heló la sangre en ese momento y perdió el conocimiento. Según el guardia, aquello no hace más que confirmar que Pit había vendido su alma para obtener el barco, pero que el pirata había sido más astuto y que, para conservar su tan preciado bien, había engañado al demonio y ahora lo tenía cautivo en su embarcación.

- Pero si es el bueno de Albatros – se escuchó decir a una voz extraña. Un shifter, con una de sus garras en el pomo de su espada, acababa de pararse detrás de Tito y miraba al capitán de la Zaarita con una sonrisa en la cara.

- Roto, siempre es un placer verte – dijo Albatros con tono irónico, sin levantarse de su asiento – disculpa que no te atienda pero estamos un poco ocupados.

- No creí que tuvieras los hijos de gallina no natos para aparecerte por aquí otra vez… ni que fueras tan estúpido.

- Ya sabes lo que dicen, los malos hábitos son difíciles de abandonar… que curioso, acabo de recordar a tu hermana, ¿cómo está? – comentario que no pareció hacerle gracia al shifter.

- ¿Por qué mejor no llevamos esta conversación afuera?, creo que estamos aburriendo a tus amigos – propuso Roto. Tito y Danubio se miraron de reojo, el tipo quería problemas.

- Está bien – respondió Albatros y poniéndose de pie saco su wandstol y disparó al shifter de lleno en la cara, haciéndolo caer aparatosamente.

Y con eso se armó el despelote. Todos en la taberna se pusieron de pie y algunos incluso desenfundaron sus armas. El medio elfo había desaparecido aprovechando la distracción, junto con el último vaso de salasta y el rubí. Albatros, con una sonrisa de “ups, estaban viendo”, guardó su wandstol e hizo una seña a su equipo para que lo siguiesen. Atentos y con las manos en sus armas (Segundo en sus cucharas), Alquimio Batros y su tripulación salieron de la taberna del tuerto Lou con más preguntas de las que habían entrado.

¿Quién era el intrépido Pit? ¿Qué escondía en el Amuikaf Rojo? Y sobre todo, ¿por qué se empecinaba en arruinar a Albatros, llegando antes que él a todos sus atracos?

Demoniac_Pirate_Lord___CHOW75_by_skazi222

Monday, April 6, 2009

¿Más de lo mismo? (LADCA No. 5, Vol 2)

- ¡Tensen las velas piratas de kindergarten, fijen las cosas en cubierta! ¡Segundo, proa al poniente! – gritaba Alquimio Batros desde el castillo de popa, algo agitado - ¡Grillo, asegura esa amarra! ¡Tito, guárdame las naranjas!

- Capitán – intervino Segundo – ¿hacia dónde es que nos dirigimos?

- Como hacia donde, al poniente Segundo, al poniente, ¿qué no me escuchaste?

- Me refería, capitán, ¿a cuál es nuestro destino en el poniente?

- ¿Nuestro destino? Nadie conoce su destino Segundo, no digas tonterías. ¡Grillo, te dije que asegures esa amarra! Maldito ratero de mercado, te la vas a pasar en las bodegas pelando… – y el capitán de la Zaarita se alejó mascullando esta última frase entre dientes.

Alquimio Batros llevaba ya varios días con una actitud extraña. A leguas se notaba que desconfiaba de todos. Hacía ya un par de meses que él y su tripulación no se habían hecho de un buen botín, y no es que no lo hubieran intentado. Los dos últimos barcos que habían “atracado” los habían encontrado vacíos, sin tripulación ni cargamento, haciendo agua o de alguna otra forma inoperables. Pero al menos los habían encontrado, ya que en otras cinco oportunidades habían ido tras pistas inexistentes, deambulando por el mar esperando cruzarse un barco que jamás aparecía o llegando a una isla y desenterrando un cofre vacío. Era como si todos los datos que recibían fueran falsos.

- ¡Cosofrito, que se ve! – volvió a gritar Albatros.

- ¡Aún nada, capitán! – respondía el vigía desde el mástil mayor.

- ¡Afina la vista y no parpadees, que no se te pase nada!

Y así transcurrieron las siguientes horas, con la Zaarita dando lo máximo de si y Albatros gritando órdenes absurdas, hasta que…

- ¡Capitán, barco a la vista! – gritó Cosofrito y Albatros sacó su largavistas.

- Todo de frente Segundo, esta vez no se nos escapan – decía el capitán de la Zaarita, sin saber lo equivocado que podía estar.

Al acercarse un poco más la escena fue de lo más decepcionante. El barco al cual venían buscando hacía un par de días se estaba hundiendo, ladeado hacia estribor, y no se veía un alma en él. La Zaarita se acercó lo suficiente solo para comprobar lo que ya todos habían imaginado: estaba desierto y seguramente desprovisto de algún objeto de valor.

- ¿Qué clase de barco no transporta pasajeros ni carga? – dijo Danubio, solo para romper el silencio. Albatros no respondió, estaba de muy mal humor y pareció que todos lo notaron, pues nadie volvió a abrir la boca.

El capitán de la Zaarita ni siquiera ordenó el abordaje, simplemente dio la orden de fijar rumbo hacia Cape Far y se encerró en su camarote. Nadie lo vio salir de ahí en cuatro días, ni siquiera para comer. La única señal de vida que dio en ese tiempo fueron horribles gritos durante la noche. Sus pesadillas se habían incrementado en los últimos tiempos, tal vez por la frustración de no poder encontrar un tesoro que valga la pena. Estos sueños eran siempre muy parecidos, Alquimio Batros dirigía a la Zaarita hasta algún tesoro enterrado, pero cuando llegaban el único que desembarcaba era él. Albatros veía entonces como el tesoro se alejaba y por más que lo perseguía no podía alcanzarlo. La persecución solía estar acompañada por una serie de voces, que no podía reconocer y que se burlaban y reían de él.

La tripulación de la Zaarita empezaba a cansarse. Llevaban ya buen tiempo sin un botín decente y empezaban a pensar que tal vez Albatros no era el más indicado para capitanear la embarcación. Incluso se había empezado a correr la voz de que era él quien había traído la mala suerte sobre la Zaarita, tras volver después de su inexplicable desaparición. Para cuando Alquimio Batros por fin abandonó su camarote en busca de comida, toda la tripulación lo miraba de una manera extraña y todos se alejaban de él cuando pasaba a sus lados. Albatros se dirigió al castillo de popa donde Segundo estaba al timón y se quedó parado en el último escalón.

- Canta Segundo, que está pasando aquí – preguntó Albatros. Segundo se veía nervioso, miraba de un lado a otro buscando como salirse de aquella, pero al ver que no le quedaba otra, respondió.

- La tripulación está intranquila, capitán. Y si me permite decirlo, no es culpa de ellos, usted viene actuando muy extraño desde que regresó de donde sea que haya estado.

- Cliffscrape.

- De Cliffscrape o de donde sea. Desde que regresó no hemos logrado ningún botín.

- Eso no es cierto Segundo, que hay de las 80 piezas de oro en Piritar.

- Capitán, eso no alcanzó ni para la celebración.

- Pues bueno Segundo, si creen que alguien más podría hacerse cargo de esta embarcación, tal vez sea hora de que… - y cuando Alquimio Batros estaba a punto de terminar la frase con un “se vayan todos a la mierda”, un trueno ocultó las palabras del capitán de la Zaarita y se desató una tormenta.

- ¡Segundo, firme el timón! – ordenó Albatros empapándose por la lluvia y bajó a cubierta – ¡Danubio, que recojan las velas y aseguren las cosas! – pero nadie respondía, estaban decidiendo si la tormenta era también culpa de Albatros o no, cuando la primera ola barrió la cubierta de la Zaarita y se llevó con ella a un par de la guardia.

- ¡Ya escucharon al capitán! – reaccionó Danubio – ¡todos a sus puestos, replieguen las velas, guarden en las bodegas el agua y las naranjas!

La tormenta se ponía cada vez peor y de repente un remolino apareció frente a la Zaarita. El remolino era demasiado pequeño como para hacerle algo a un barco de ese tamaño, pero aún así resultaba extraño. Albatros había navegado esos mares desde hacía ya bastante tiempo y nunca había visto un remolino en esa zona, menos aún formándose de esa manera. Alquimio Batros regresó corriendo al castillo de popa, arrimó a Segundo y tomó el timón.

- ¡Danubio, dejen la vela mayor como está! ¡Aseguren las amarras, nos vamos para adentro! – gritó el capitán de la Zaarita a su tripulación. Danubio parecía no entender, pero cuando Albatros viró el timón bruscamente hacia lo más profundo de la tormenta, no le quedó más que acatar. Si no aseguraban esos cabos perderían el mástil mayor.

La Zaarita empezó a adentrarse en la tormenta y a atravesarla. Los vientos eran fuertes y las corrientes bastante cruzadas, lo que hacía muy difícil controlar la embarcación. Pero aquella no era la peor tempestad que Alquimio Batros había pasado y ciertamente, pensaba, no sería una que lo detenga. Le tomó cerca de una hora atravesar la tormenta a la Zaarita, pero una vez que la dejaron atrás una espesa neblina se formó frente a ellos.

- Algo o alguien no quiere que vayamos en esta dirección, Segundo – comentó Alquimio Batros aún desde el timón.

- Capitán, si ese algo o ese alguien es capaz de crear una tormenta de la nada, tal vez se buena idea hacerle caso.

- Puede ser, pero ustedes querían un buen botín y cualquiera que se dé el trabajo de crear tormentas disuasivas, es porque algo esconde – pero aunque Albatros no estuviera del todo equivocado, la niebla se disipó en un instante y el espectáculo que descubrió no se parecía en nada a lo que estaba esperando.

- ¡Capitán, barco a la vista! – se escuchó desde el mástil mayor y Albatros tuvo que cambiar de rumbo precipitadamente para evitar la colisión, un barco acababa de aparecer de la nada frente a la Zaarita. El barco en cuestión tenía la parte posterior del casco y la cubierta chamuscados y humeantes, como si un incendio hubiera tratado de devorar la nave. Pero ni eso ni el que se estuviera yendo a pique era lo que más llamó la atención del capitán de la Zaarita: alguien se movía dentro del castillo de popa.

Ataque barco pirata

- ¡Danubio, los arpeos!, ¡Grillo, suelta el ancla! – gritó Alquimio Batros, tras lo cual la Zaarita empezó a perder velocidad rápidamente y cinco cuerdas con ganchos volaron del puente de un barco al otro. Albatros fue el primero en cruzar, tras lo cual descendió a la cubierta y derribó la también quemada puerta del castillo de popa con un par de patadas.

- Quién está ahí – preguntó desde la puerta Alquimio Batros, con su rapier en la mano, pero nadie respondió. Danubio, Tito, Chino viejo y el Zurcado ya estaban detrás de su capitán cuando éste entró en la calcinada estructura. Todo era un desorden ahí, muebles tirados por todos lados y una mesa en una esquina seguía encendida en fuego, aunque parecía que ya se estaba apagando. Entonces un ruido llamó la atención de los piratas, un murmullo parecía provenir de un gran cofre en el otro extremo de la habitación. Albatros caminó lentamente hasta ahí y se detuvo justo al frente, haciendo señas a Danubio para que lo abriera. Dentro, un agazapado marinero temblaba y mascullaba entre dientes algo que no paraba de repetir:

- Grandes alas rojas… No lo vimos llegar, apareció en medio de la tormenta. El fuego, sus gritos… Grandes alas rojas…